Un día más salió disparada como alma que lleva el diablo después de otra agotadora jornada laboral…El sonido de sus tacones marcaban un paso firme a la vez que divertido producido por el ritmo de la música que sonaba pegada a sus oídos.
Casi bailando se dejó llevar hasta el andén, donde no se percató que en la estación, por lo general poco concurrida a esas horas, había más gente de lo habitual.
El “Metro” se retrasaba, y el tiempo de espera cada vez se alargaba más, cualquier otro día hubiera aprovechado para ver sin mirar, escuchar sin oír, imaginar o soñar, pero en ese momento estaba tan inmersa en la “banda sonora” que ni tan siquiera se paró a observar todo aquello que le rodeaba, toda aquella gente que allí se encontraba… Se introdujo dentro del vagón, y como de costumbre se dirigió hacia el otro extremo, justo donde están las puertas que dan a la vía con el fin de apoyar la espalda y así mantener el equilibrio, no fue posible así que se quedó más adelante agarrada con una mano a una de las barras verticales mientras con la otra intentaba sin éxito sujetar la maleta, el libro y desabrocharse el abrigo.
En instantes se estremeció, se apoderó de ella una sensación que más que agradable era placentera, se ruborizó, sintió vergüenza al darse cuenta de lo que estaba notando… pero no podía apartarse, la muchedumbre no se lo permitía, aunque la verdad es que tampoco quería… aún así dejó de lado sus instintos más básicos y giró como pudo la cabeza con la intención de pedir disculpas, se cruzaron sus miradas, aunque no se fijó en su cara, estaban tan cerca que sus alientos se mezclaron y sus labios casi se rozaron, fue como si en segundos se hubieran puesto al día, como si se conocieran de toda la vida, sobraron las palabras…
El vaivén del tren agitaba sus cuerpos sin cesar, cada vez más iba subiendo su temperatura corporal, no podía soportarlo más y sofocada desabrochó su abrigo en un desgarro…
Mientras se lo quitaba, entre empujones y el movimiento, el roce se intensificaba, él la sujetaba sutilmente por la cintura, tal vez con la intención de sostenerla, pero qué más daba… ella no miraba, sólo disfrutaba de aquello que sentía y suspiraba, deseaba que aquel viaje nunca terminara, era como estar viviendo una fantasía…
El viajero deslizó la mano bajo su blusa, acarició suavemente su ombligo, su espalda, mientras su pelvis, envuelta por aquel tejano abotonado, ejercía una presión casi desbocada… rozó su cuello con los labios, ella tenía la piel erizada, todo era incontrolable, la respiración, el ritmo cardiaco… poseída por el deseo lanzó un leve gemido, estaba completamente excitada, su mirada perdida lo decía todo y no decía nada…
Había llegado a su destino, y como si hubieran gritado “fuego”!!! se apeó del tren a toda prisa, los latidos de su corazón marcaban ahora su paso, intentaba organizar su mente, aunque temía averiguar si lo ocurrido no había sido real, pensó que tal vez había sido fruto de su imaginación, se sonrojó sólo de pensarlo, esbozó una sonrisa… aún así, incrédula, no pudo por más que detenerse y girándose apurada, miró hacia el interior del vagón, se apenó pues no le gustó lo que vio… se quedó decepciona… porque muy a su pesar no vio nada…
Continuará???

